La Reincidencia en el Derecho Penal – López Carribero, Hugo

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Todo acto o hecho delictivo, tiene su génesis en una idea; ésta, por sí misma no es punible en virtud del principio “COGITATIONIS POENAN NEMO PATITUR” para llegar a la consumación del hecho delictivo, es rigurosamente necesario que el autor inicie un camino que va, desde la idea o propósito de cometerlo – tribulación que se encuentra en la mente del sujeto – hasta la consumación misma del delito. Ese de curso o camino, ese conjunto de actos sucesivos para arribar al delito como expresión perfecta de agresión al orden social se denomina “iter criminis”. En el tránsito que va desde la idea hasta la consumación, es posible distinguir cuatro etapas: a) Los actos internos; b) Los actos preparatorios; c) Los actos de ejecución; d) La consumación del delito. Lo relevante en esta distinción reside, en que algunos de estos tramos o actos son punibles, en tanto que otros no lo son. Asimismo, el cumplimiento de la totalidad de esos pasos, solo sería posible en los delitos cuya acción permite un desarrollo gradual o progresivo; los que no lo permiten, podrían hacernos afirmar que no admiten la tentativa. a) Los actos internos: Constituyen el inicio del “iter criminis” y abarcan la idea misma de cometer el delito; “el estado deliberativo” interno acerca de la idea y de la decisión, la elección y selección, en su caso, de los medios y modos de llevarlo a cabo y todas las demás circunstancias vinculadas al ilícito, que se mantienen sin embargo en el fuero interno del individuo. Según los parámetros de la moderna ciencia penal, los actos internos no son punibles, solo la conducta externa del hombre puede ser amenazada con pena; lo que queda en el fuero intimo de la persona se sustrae definitivamente a la potestad estatal de aplicar penas. La cuestión que se denomina, principio de exterioridad penal, se encuentra reconocida a texto categórico en nuestra Constitución Nacional. La impunibilidad de tales actos deviene entonces, en primer lugar, porque para que haya delito, debe haber acción y para que haya acción no bastan los actos internos (elemento psíquico de la acción), sino que se requiere también su exteriorización (elemento físico de la acción). En segundo lugar porque La Ley de los Argentinos, ha establecido de manera categórica que: “las acciones privadas de los hombres, que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están solo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda a ley, ni privado de lo que ella no prohíbe” (C.N. Art. 19). Como lo sostiene la doctrina tradicional, en estas condiciones, el delito permanece en el ámbito de la propia psiquis del autor, por lo que discutir acerca de su punibilidad resultado algo “incongruente”, mientras no se recurra a la experiencia totalitaria de aplicar medios violatorios de los atributos de su personalidad. Sin embargo, cabe reflexionar sobre la hipótesis del ciudadano que llega a comunicar sus planes, ideas, pensamientos, móviles, propósitos, etc., a un tercero, cuando ello contiene un germen delictivo en ciernes. Es lo que la doctrina llama, “publicidad de ideas” en donde la sola comunicación o anoticiamiento constituye ya un delito (hacer circular ideas en contra o que pongan en crisis nuestro sistema republicano). Empero todo ello, solo podrá ser reprimido, mediante la consideración de un delito autónomo, al margen de la etapa interna del “iter criminis”, como aconteciera, con la tenencia de armas de guerra para los actos preparatorios, por naturaleza impunes o para los actos de instigación (C.P. 209). En conclusión, lo que repugna al Derecho Penal, a nuestra doctrina dogmatica Penal, es la sanción o condena por la “expresión de las ideas”.

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Año

2020

Autor

López Carribero, Hugo

Editorial

Llanes Ediciones